A propósito del racismo

Juan Rafael Pacheco

Juan Rafael Pacheco

En estos días ha vuelto a ponerse sobre el candelero el tema del racismo, a propósito del informe que ha circulado tratando ese aspecto de las relaciones dominico-haitianas.

No sé por qué, vino a mi memoria algo que leí hace ya mucho tiempo, y que sucedió en un vuelo transpacífico de una línea aérea.

En aquel momento, resultó que a una señora le fue asignado un asiento al lado de un señor de raza negra.  La mujer, indignada, pidió a la azafata que la cambiara de asiento, ya que bajo ninguna circunstancia iba a hacer un viaje tan largo sentada al lado de una persona tan y tan desagradable, añadiendo a continuación un largo etcétera de improperios. La azafata, con mucha delicadeza, le hizo ver que el vuelo estaba totalmente lleno, pero que iría a revisar Primera Clase a ver si por acaso quedaba algún asiento libre.

Los pasajeros observaron la escena con disgusto, y no sólo por el hecho en sí, sino por la posibilidad de que trasladaran la mujer para Primera Clase.

Mientras tanto, el pobre señor quedó incómodo y cohibido por la reacción de su compañera de viaje, pero tuvo la educación –la elegancia– de permanecer tranquilo.

En la cabina el clima era de total tensión, mostrándose la mujer feliz y hasta triunfadora porque ya no estaría al lado de esa persona, y que además sería trasladada a Primera Clase.

Minutos después regresó la azafata y le informó a la mujer: “Discúlpeme, señora, efectivamente, todo el vuelo está lleno.  Afortunadamente, sin embargo, hay un asiento disponible en Primera Clase.  Me demoré unos instantes porque, para poder hacer este tipo de cambios, debía pedir autorización al Capitán.

Él me indicó que no se podía obligar a nadie a viajar al lado de una persona tan desagradable, y que me autorizaba el cambio.”

Los pasajeros no podían creer lo que estaban escuchando, pero la señora, con cara de satisfacción y jactancia, empezó a levantarse de su asiento.

En ese momento, la azafata se voltea y le dice al caballero de raza negra: “Señor, si usted es tan amable, le ruego acompañarme a su nuevo asiento en Primera Clase. El Capitán, en su propio nombre y en nombre de la tripulación, así como en nombre de la Compañía, le pide disculpas por el tiempo que usted ha tenido que soportar a su lado una persona tan desagradable.”

Todos los pasajeros del avión se pararon y aplaudieron con gran júbilo la acción de la tripulación.  Ese año, la azafata y el Capitán fueron premiados, y gracias a esa actitud, la empresa British Airways se dio cuenta de que, hasta ese momento, no le había estado dando la importancia que ameritaba la capacitación de su personal en el área de atención al cliente.

A partir de entonces, todas sus oficinas tienen el siguiente mensaje a la vista de su personal: “Las personas pueden olvidar lo que les dijiste, las personas pueden olvidar lo que les hiciste, pero las personas nunca olvidarán cómo los hiciste sentir.”

Y me doy cuenta ahora del por qué vino esta anécdota a mi memoria, a raíz de los informes sobre el racismo en las relaciones dominico-haitianas.

Bendiciones y paz.

Este artículo aparece publicado en la página 149 de mi libro “La Mariposa Azul y los Regalos de Dios – Historias y cuentos para sanar tu corazón”. Disponible en Librería Cuesta y La Sirena.

Publicada por en septiembre 14, 2016. Guardada en Opinión. Puede seguir cualquier respuesta a esta entrada a través de RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o trackback a esta entrada

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